Que es el Kitsch ?

Kitsch son las reproducciones de obras famosas, las piedras de plástico verde que pretenden ser esmeraldas, la ropa de peluche (en realidad, cualquier cosa forrada en peluche), los muebles “estilo Luis XVI” pintados de dorado, las “Barbies” con rebaba, los Vochos convertibles, las repisas atiborradas de figuritas de porcelana o de íconos religiosos, los zapatos imitación piel de cocodrilo y, por supuesto, los pianos morados... En pocas palabras, todo aquello que aparenta ser, pero no es, o que resulta pretencioso y aberrante.

Kitsch también es una tendencia artística, aunque algunos argumentan que es la antítesis del arte. Fusión caótica de elementos cuya última consecuencia es la cursilería o, de acuerdo con la tradición académica, el mal gusto. Un ejemplo son las mansiones californianas construidas durante la década de los treinta, cuando Hollywood se llenó de nuevos ricos que imitaban el estilo de vida de los europeos. Barroco por aquí, gótico por allá, un poco de rústico y un toque de florentino… chimeneas colosales, retratos idílicos de inexistentes antepasados, alfombras de oso, escudos nobiliarios más falsos que un billete de dos dólares, estatuas de dioses griegos y fuentes con niños desnudos que escupen agua por la boca. La pretensión de algunos llegó al exceso de comprar títulos nobiliarios en subasta.

Kitsch es un término alemán que significa “cursi”. Etimología ya de por sí peyorativa. Regresando al tema del arte, muchos consideran al kitsch como un peligro para la cultura. Sinónimo de ridículo y mal gusto; antagónico del “buen arte” por ser demasiado democrático y superficial, porque sólo le interesa imitar los efectos. Desde este punto de vista, el kitsch es un pastiche, una expresión popular agradable, pero no estética, la negación del arte académico. Entonces, ¿un póster del Jardín de las delicias es un peligro para la cultura? El arte se ha convertido en un producto de masas: playeras, borradores, separadores de libros, rompecabezas y toda una parafernalia de artículos con reproducciones de obras que los propios museos venden en sus tiendas de recuerdos. Arte para todos.

Artistas pop y conceptuales han utilizado lo kitsch sin discreción. Andy Warhol inmortalizó uno de los productos más kitsch del mercado: la sopa Cambell´s —infusión sin valor nutrimental lista para engañar a los invitados con su apariencia de “hecha en casa”. Sin embargo, así como no todo lo que brilla es oro, no todo lo kitsch es arte. Muchas veces es sinónimo de ridículo, pretensión y cursilería. Pero, ¿qué sería del mundo sin los Huichos Domínguez, la joyería falsa, los tableros de peluche, los muebles forrados en plástico, las bolsas de mercado, los altares dedicados a estrellas del futbol, los pósters de obras famosas, las máscaras de luchador, los cuadros de payasos tristes, el poliuretano o la imitación piel? Un lugar muy aburrido, seguramente.


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